El omega-6, o ácido linoleico, es un nutriente importantísimo que los humanos no producimos de manera natural; por tal razón, debemos obtenerlo a través de los alimentos que lo contienen. Su ingesta moderada es altamente benéfica, ya que ayuda al desarrollo neuronal, aporta grandes beneficios al cuidado de la piel y el cabello, mejora el sistema inmune, colabora en el desarrollo hormonal, reduce el colesterol, funciona como antioxidante y hasta ayuda en la ardua batalla del control de peso. Naturalmente, como ya se ha dicho, siempre en dosis bajas. Las dosis más o menos recomendadas van de 0,5 a 1,5 g/día.
Claramente no existe una dosis única para su consumo, ya que cada individuo metaboliza de forma distinta, sin mencionar factores como la edad, el sexo, la masa muscular, la cantidad de líquido corporal, la estatura, condiciones patológicas o incluso la propia genética, que afectan de manera determinante la tolerancia y/o el aprovechamiento de una sustancia determinada.
El ácido linoleico se encuentra en diversos alimentos, como los cárnicos, el aceite de oliva, la calabaza, el aceite de girasol, la soya, el maíz y, en general, en todos los granos. Aquí es donde entra en juego nuestra amada cerveza, ya que la cebada, el trigo o el centeno proporcionan una gran cantidad de omega-6.
La presencia de este ácido graso poliinsaturado en la cerveza también puede ocasionar algunos problemas de carácter técnico. Por ejemplo, una mala práctica en el triturado de los granos, una maceración deficiente, un hervor mal desarrollado, un remolino final (whirlpool) poco vigoroso o una cantidad inapropiada de levadura pueden dejar altas concentraciones de ácido linoleico y provocar una carbonatación deficiente, además de hacer a la cerveza más propensa a la oxidación de este ácido. De hecho, la oxidación del ácido linoleico es el defecto (off-flavor) más común en la cerveza, justamente debido a su importante presencia. En una cerveza terminada es posible encontrar entre 2 y 15 mg/L.
La oxidación del ácido linoleico produce el compuesto llamado trans-2-nonenal, que se identifica por descriptores aromáticos que recuerdan a papel, periódico o cartón mojados. Recordemos que esta oxidación puede presentarse desde los granos y la maceración, hasta el producto ya terminado.
Como ya se mencionó, el consumo equilibrado de omega-6 reporta beneficios a la salud, pero una ingesta elevada de ácido linoleico puede ser perjudicial, ya que suele acumularse en los tejidos grasos por largos periodos y provocar problemas de inflamación, riesgos cardíacos, colesterol elevado y otros padecimientos.
Naturalmente, no se plantea que el consumo de cerveza sea un riesgo en sí mismo, pero sí puede serlo el consumo excesivo (como todo en la vida). Por ello, es importante hacer un llamado al consumo inteligente y, sobre todo, a aprender a equilibrar. Aquí es pertinente mencionar que el ácido linoleico debe balancearse con una ingesta adecuada de omega-3. Los nutricionistas recomiendan una proporción aproximada de 1:1 o 1:3 (omega-6 : omega-3). El omega-3 puede obtenerse del salmón, la sardina, semillas de chía, algunos cárnicos, entre otros alimentos. Incluso podríamos pensar en maridar nuestras cervezas con botanas o platillos ricos en omega-3.
Seguramente, a estas alturas, te estarás preguntando: ¿qué cervezas podrían contener mayor cantidad de ácido linoleico? La respuesta no es sencilla, ya que, como se mencionó anteriormente, existen diversas variables en los procesos de elaboración que pueden condicionar los vestigios de omega-6 en la cerveza terminada. Sin embargo, en términos muy generales, las cervezas con mayor riqueza de maltas, como Barleywine, Strong Ales, Baltic Porter, Russian Imperial Stout, Winter Ale, Tripel, Dubbel, Wee Heavy, entre otras, son más propensas a aportar una cantidad interesante de ácido linoleico, que —insisto— es altamente benéfico para la salud en proporciones moderadas.
Así que, a disfrutar con moderación de todas nuestras cervezas favoritas, sin prejuicios ni miedos, porque parte del goce de la vida está en el sano equilibrio.
