Siempre me ha fascinado la historia y he sentido una profunda pasión por la cerveza. Por eso surge este artículo, en el que intento combinar ambas temáticas centrándome en Flandes y, hasta cierto punto, también en Bélgica.
Sin embargo, es importante hacer una primera observación. Bélgica, como Estado independiente, no existió oficialmente hasta 1830. Incluso las fronteras actuales de Flandes no quedaron definidas hasta 1962, con la fijación de la frontera lingüística. No obstante, el término Flandes existe desde hace muchos siglos, aunque su extensión geográfica ha cambiado considerablemente a lo largo de la historia y ha formado parte de diversas entidades políticas, entre ellas Francia, los Países Bajos, Alemania, España y Austria.
Algunos ejemplos ilustran esta complejidad. En determinado momento existieron dos Flandes: la Flandes Real, bajo la influencia de Francia, y la Flandes Imperial, integrada en el Sacro Imperio Romano Germánico. Más tarde surgieron los Países Bajos Borgoñones, formados por los territorios gobernados por los duques de Borgoña entre 1384 y 1482. Posteriormente aparecieron las Diecisiete Provincias, que constituyeron los estados imperiales de los Países Bajos de los Habsburgo durante el siglo XVI.
Estos son solo algunos ejemplos que muestran lo difícil que resulta, en muchos casos, distinguir entre flamencos, neerlandeses y otros pueblos de la región. Dicho de otra manera, los términos flamenco (Fleming, Flamingo, Flamenco, Flamländer, entre otros) se utilizaron durante largos períodos para referirse, de forma general, a habitantes de los Países Bajos históricos, aproximadamente el territorio comprendido entre Dunkerque y el río Elba. Esto incluso podía incluir a personas de habla francesa, como valones o habitantes del norte de Francia.
Gran parte de la información presentada a continuación proviene de diversas obras históricas, cuyas referencias mencionaré cuando corresponda. Para estructurar este artículo, seguiré un recorrido cronológico comenzando en el siglo IX.
El libro Flandria Illustrata (publicado en 1644), escrito por Sanderus, menciona que ya en el año 877 Carlos el Grande confirmó que Poperinge —entonces llamada Pupuringahem— prosperaba gracias al hilado de lana y al abundante cultivo de lúpulo destinado a la elaboración de cerveza.
Ese lúpulo no solo se utilizaba en Flandes, sino que también era exportado a Inglaterra. Investigaciones arqueológicas realizadas en Seasalter, cerca de Whitstable, en el condado de Kent, descubrieron una embarcación que transportaba lúpulo y que data aproximadamente del año 949, procedente casi con total seguridad de Flandes. Hallazgos similares, anteriores al año 1000, se realizaron también en York, Norwich y Tamworth (fuente: Ian Horsey, 2004).
La siguiente referencia proviene del autor G. Doorman (1955), quien sostiene que ya en el siglo XI, concretamente en 1066, cerveceros flamencos exportaban cerveza elaborada con gruit hacia los países eslavos del mar Báltico y hacia Colonia.
El gruit era ampliamente utilizado en Europa en aquella época, aunque al parecer el de mejor calidad procedía de Flandes. Esto resulta lógico si consideramos que Flandes, con Brujas como uno de sus grandes centros urbanos, era entonces una potencia comercial y una de las metrópolis más importantes de Europa.
El gruit suele considerarse el precursor del uso del lúpulo en la cerveza. Por ello resulta curioso que Flandes dispusiera de abundante lúpulo y, aun así, utilizara principalmente gruit en la elaboración cervecera. Sin embargo, como veremos más adelante, existen varias posibles explicaciones para ello.
Tampoco podemos olvidar la historia de Gambrinus, considerado por muchos como el patrón de los cerveceros. Algunas fuentes identifican a Gambrinus con Juan I, duque de Brabante (1252–1294), conocido en neerlandés como Jan Primus.
Otro posible origen del nombre Gambrinus se atribuye a Juan Sin Miedo, duque de Borgoña y también conde de Flandes (1371–1419).
Asimismo, encontramos la figura de San Arnoldo, nacido en Tiegem en 1040. Aunque nunca fue oficialmente canonizado, es venerado en numerosos países como patrón de los cerveceros y taberneros. Según la tradición, durante períodos de enfermedades contagiosas recomendaba beber cerveza en lugar de agua contaminada.
Suele representarse como un obispo y, en ocasiones, aparece acompañado de un barril o una jarra de cerveza. También porta una pala o tenedor de mezcla utilizado durante la elaboración cervecera, reforzando así su estrecha relación con el oficio.
El historiador Milan Pajic escribió un interesante artículo en el Journal of Medieval History titulado “Ale for an Englishman is a natural drink”. En él menciona que, según registros de Norwich de 1290, un hombre fue multado por “vender cerveza flamenca de manera privada” (selling Flemish ale privily).
La expresión “cerveza flamenca” resulta especialmente sugerente y no está del todo claro qué significaba exactamente en ese contexto, aunque algunos investigadores sugieren que podría referirse a cerveza elaborada con lúpulo.
La palabra privily hacía referencia a la venta privada de cerveza a precios superiores a los habituales. Un caso similar es el de Betekyn, una mujer de Great Yarmouth, que fue sancionada en varias ocasiones entre 1394 y 1401 por practicar regrating, es decir, comprar cerveza para revenderla posteriormente a un precio más alto (Harry De Paepe, 2025). En la práctica, se trataba de una actividad muy similar a la descrita por el término privily.
El historiador Richard Unger también menciona este episodio de 1290. Sin embargo, él y otros autores sostienen que, a finales del siglo XIII, la cerveza con lúpulo llegó primero desde las ciudades hanseáticas alemanas a los Países Bajos, desde donde posteriormente se exportó a Flandes.
Según estas fuentes, no fue hasta mediados del siglo XIV cuando los cerveceros flamencos comenzaron a producir de manera habitual cervezas lupuladas. Esto resulta llamativo si consideramos que el cultivo de lúpulo en Flandes ya estaba documentado más de cuatro siglos antes.
Nos encontramos así ante uno de los grandes dilemas históricos de la cerveza: el debate entre el gruit y el lúpulo.
Sin embargo, la aparente contradicción podría no ser tal. Existen varias posibles explicaciones:
La mención del cultivo de lúpulo no implica necesariamente que este se utilizara en la elaboración de cerveza. Existen argumentos tanto a favor como en contra de esta interpretación. Durante siglos, el lúpulo fue considerado una planta medicinal, apreciada por sus propiedades relajantes y por ayudar a combatir el insomnio.
Los brotes tiernos de lúpulo, hoy considerados una delicadeza gastronómica, fueron durante mucho tiempo simplemente una hortaliza, comparable a los espárragos. Es perfectamente posible que se cultivaran principalmente con fines alimentarios. (R. Van Uytven, Drinking in the Past, 1973).
También hay que considerar la existencia de las dos Flandes. Mientras que la Flandes Imperial, bajo influencia germánica, permitía el uso del lúpulo, la Flandes Real, vinculada a Francia, favorecía el uso del gruit. Aunque ambos territorios eran denominados Flandes, sus tradiciones cerveceras no necesariamente coincidían. No obstante, esta explicación por sí sola no resuelve completamente el enigma, ya que Poperinge formaba parte de la Flandes Real.
Sanderus escribió Flandria Illustrata en 1644, cuando el uso del lúpulo ya estaba ampliamente extendido y perfectamente aceptado. Es posible que describiera acontecimientos del siglo IX interpretándolos a través del conocimiento y las prácticas cerveceras de su propia época.
El gruit ofrecía ventajas prácticas importantes. Se trataba de una mezcla de hierbas y especias que crecían de forma silvestre en los dominios de los señores feudales. Estos poseían el monopolio sobre su comercialización o podían ceder los derechos de explotación a terceros a cambio de dinero o servicios. El célebre Gruuthuse de Brujas, activo desde el siglo XII, es un buen ejemplo de ello. Además, el gruit estaba disponible de forma constante.
El cultivo de lúpulo, por el contrario, requería importantes inversiones de tiempo y recursos. Una plantación podía tardar hasta tres años en alcanzar una producción adecuada y siempre estaba expuesta a problemas climáticos o sanitarios, como podredumbre, moho, mildiu o plagas de ácaros. En muchos casos, otros cultivos como el lino podían resultar más atractivos económicamente. También es posible que la relación entre el lúpulo y la mejora de la cerveza se comprendiera gradualmente en Flandes y que los productores alemanes —y más tarde los neerlandeses— no estuvieran especialmente interesados en compartir una ventaja competitiva tan importante.
Milan Pajic también señala que, durante la segunda mitad del siglo XIV, la distribución minorista de cerveza en Inglaterra estaba dominada en gran medida por inmigrantes flamencos.
No obstante, surge nuevamente una cuestión compleja: ¿eran realmente flamencos o más bien neerlandeses? Al examinar muchos de los apellidos de la época, la respuesta no siempre resulta evidente.
John Krenzke destaca la importancia de la comunidad flamenca establecida en St. Katherine’s, Londres, donde numerosos inmigrantes trabajaban en el sector cervecero. Según este autor, los cerveceros flamencos de St. Katherine’s recibieron incluso una carta especial otorgada por la ciudad de Londres. Sin embargo, sus instalaciones fueron destruidas en octubre de 1470 por las tropas rebeldes del conde de Warwick.
La escritora neerlandesa Wina Born menciona además a un flamenco llamado Peter van Duren —también citado como Van Durant o Vanduran— que dirigía una popular cervecería en Southwark, al sur de Londres, hacia 1540. Su apodo era Pickle Heringe, debido a la afición de muchos inmigrantes flamencos por el arenque encurtido acompañado de cerveza.
Algunas fuentes sostienen que Van Duren era neerlandés y no flamenco. En realidad, esta dificultad para distinguir ambas identidades aparece una y otra vez en los registros históricos. Lo que sí parece claro es que durante los siglos XV y XVI existía una presencia significativa de cerveceros procedentes de Flandes y los Países Bajos en Londres y Southwark.
Con frecuencia eran descritos colectivamente como aliens o strangers (extranjeros), junto con los neerlandeses. Otras fuentes emplean incluso el término Doche para referirse conjuntamente a inmigrantes neerlandeses, flamencos e incluso alemanes, complicando aún más la identificación precisa de sus orígenes.
